Vicent G. E.
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En esta ocasión vamos a tratar sobre un edificio muy singular en el panorama arqueológico de la región y de toda España, pues abordaremos lo que son los restos de un vasto balneario, que impresiona sin lugar a dudas por las proporciones de sus dimensiones, por el peculiar trazado de su planta, por la función para la que se construyó y por su ubicación.
Pues bien del gran complejo monumental erigido durante el siglo I d.C. quedan visibles en el sitio numerosos restos, pero habría que destacar de entre todos ellos, por las características de su construcción y la magnificencia que exhibe, a la inmensa piscina tallada en la roca madre, que horadada en el terreno alcanza una profundidad y longitud de proporciones extraordinarias. Esta piscina recogía el agua manantial considerada sagrada por sus propiedades curativas, que manaba directamente de una gruta materializada en el monte, alrededor de la cual se excavó también en la roca, una exedra con un graderío semicircular, que seguramente debió acoger ara votivas, hermosos altares y exquisitas estatuas representando a las deidades patronas y protectoras de aquella agua termal de tan especiales cualidades. Al lado de este ninfeo se horadaron en el monte dos anchos espacios rectangulares que debieron funcionar como sagrarios anexos, probablemente dedicados también al ejercicio del culto religioso de diversos dioses asociados con la sanación del cuerpo y del espíritu.
Solo se puede divagar e imaginar el magnífico aspecto que exhibiría el complejo sacro de tan peculiares y espectaculares cualidades, dejando claro a todo el que lo vea que no nos encontramos ante una termas comunes, sino ante un auténtico santuario dedicado a la sanación y al culto de las aguas.
Sorprende la inmensa cantidad de grandes sillares de calcarenita, algunos de ellos almohadillados, que plagan la superficie del yacimiento, varios de ellos incluso siguen colocados en su lugar de origen, habiendo sobrevivido a la colmatación y caída en el olvido del edificio. La presencia de estos extraordinarios elementos constructivos solo resalta todavía más si cabe, la importancia capital que otorgaron los romanos al manantial termal, pues erigieron un gigantesco complejo monumental con sillares , transformando el terreno circundante y fundiendo sus propias construcciones con el entorno natural, con tal de adorar y acoger la divinidad propia que emanara de los montes tal como las aguas; unas aguas tan preciadas que justificaran el peregrinaje de muchísimos romanos, que buscando al amparo de los dioses la sanación, se acercaron a esta hercúlea y majestuosa construcción.
A pesar de las impresionantes características arquitectonicas y la naturaleza casi fantástica de las ruinas, debo expresar mi más absoluto descontento con el trato que se le ha dado al sitio que fue de hecho, el gérmen a través del cual se originó la actual localidad de Fortuna. Tras varias excavaciones y el acondicionamiento de algunos de los restos, se abandonó el balneario a su suerte, dejando paso a la maleza y deterioro de un auténtico tesoro patrimonial, que de estar habilitado y musealizado correctamente, seguramente sería uno de los yacimientos arqueológicos más importantes de cuantos atesoramos en el país, relacionados con el mundo termal romano.
Para mayor escarnio las ruinas carecen de la protección adecuada, puesto que el vallado perimetral que lo rodea está caído en muchas partes, dejando vía libre al vandalismo y la agresión que ya se han cobrado un precio irreparable en el Santuario de la cueva negra.
Otorgo la puntuación máxima porque el esplendor ancestral de tan monumental construcción bien lo merece, pero creo que se le debería hacer justicia a semejantes restos, los cuales por sus excepcionales características y dimensiones, representan una fuente de información muy valiosa para entender el mundo de la arquitectura litúrgica romana, así como la expansión y difusión de su religión en las provincias que durante tantos años gobernaron.